CAPÍTULO 14
NO ES POR EMOCIÓN
Algo que me gusta mucho de mi carrera es que, a lo largo de los cinco años de licenciatura, mientras más aprendía sobre el funcionamiento de la mente del ser humano, más me acercaba a conocer a su creador.
Dios nos creó y su diseño es perfecto, sin embargo nosotros somos imperfectos y eso complica muchas cosas. Pero te menciono todo esto porque Dios nos creó con la capacidad de experimentar emociones, y Dios no nos daría emociones malas y que no tengan propósito.
Es importante que tengas la oportunidad de validar tus emociones y de verlas de la forma en la que Dios las ve, de ese modo no serán un impedimento en la oración.
Para serte honesta, el tema del manejo emocional era una dificultad en mi vida, en mi adolescencia yo era una persona lastimada que no sabía cómo manejar la tristeza y las heridas, huía de muchas emociones y por lo tanto me saturé de pensamientos y emociones por no saber cómo gestionarlas, esto me llevó a transformar todo en amargura.
Conocer las emociones y darles un propósito me ayudó mucho a no condenarme por sentirlas, a aceptarlas, a saber atenderlas y a entender las emociones de otros.
En el 2020 tuve la oportunidad de brindar un taller de manejo de emociones para líderes, y en el proceso de preparación definí las emociones no solo por la función que cumplen sino también mediante el propósito con el que considero que Dios creó a cada una de ellas. Y quiero compartirte esas pequeñas definiciones de las cinco emociones básicas, junto a ello quiero darte bases bíblicas para que veas cómo Dios ve tus emociones.
Iniciemos con la alegría, según la enciclopedia concepto (2024) la palabra proviene del latín “alacer” que tiene como traducción “animado” o “vivaz”. La alegría es una emoción que siempre asociamos como positiva porque cuando la experimentamos, con frecuencia se relaciona o se provoca por noticias, eventos o situaciones agradables. La alegría nos permite disfrutar los buenos momentos de la vida. La alegría es una reacción que permite que nos ríamos, que disfrutemos y expresemos momentos deseables, de bienestar o placer.
Y quiero detenerme a hacer la comparación entre la alegría y el gozo. Tomemos en cuenta que la alegría es una respuesta humana lógica, mientras que el gozo es parte del fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22) y por lo tanto es una respuesta sobrenatural. Es decir que la alegría la sentimos como respuesta lógica y automática a algo que sucede, mientras que el gozo es un nivel de alegría más grande y sobrenatural que nos permite disfrutar y alegrarnos sin importar lo que esté sucediendo alrededor, por lo tanto, nos permite estar alegres en medio de las circunstancias difíciles. El gozo no es un fruto del espíritu sino que es parte del fruto del espíritu, el fruto es uno solo, y se compone de muchas características, y otra de ellas es la Fe. Se complementan porque la fe nos da la capacidad de gozarnos y adorar aunque no vemos aún la respuesta, porque sabemos que aunque no la vemos está en camino.
El enojo tiene el propósito de ayudarnos a identificar los aspectos que no nos gustan y que generan molestia. También nos motiva a poner límites y a luchar o defender nuestras creencias, y de igual forma para protegernos a nosotros mismos.
Creo que todos hemos escuchado de esa historia en donde Jesús se enoja (Marcos 11:15-18) en ella vemos cómo Jesús saca a las personas que estaban cambiando dinero y haciendo ventas en el templo, por esto Él derribó las mesas de esas personas.
En lo personal encuentro reconfortante saber que Jesús experimentó enojo, porque sabemos que Jesús fue perfecto y nunca pecó, por lo tanto podemos reafirmar que nuestras emociones no son un pecado. NO ESTÁ MAL ENOJARNOS.
De hecho, este es un claro ejemplo de que el enojo nos ayuda a poner límites y a defender nuestras creencias. La tristeza o la alegría no nos podrían ayudar a hacer esto, el enojo es la emoción ideal que cumple ese propósito. PERO… (Si hay un pero) Pero debemos tomar en cuenta que la biblia dice:
“«Si se enojan, no pequen». No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol, ni den cabida al diablo.” (Efesios 4:26-27 NVI)
Sí podemos sentir enojo pero no debemos pecar con él. Pecamos en el enojo cuando actuamos con base a él y esto como resultado puede dañar a otros.
A mis pacientes suelo explicarles esto con la metáfora de los perros al sacarlos de casa. Porque las emociones son como perros, no son malos, solo debes entrenarlos y conforme los vas conociendo aprendes a saber a cuales de ellos puedes sacar a pasear con correa y cuáles aún necesitan la correa (necesitan ser dominados y controlados).
Las emociones que aún no controlamos son esos perros que necesitan correa, y repito, no son malos, solo no están entrenados y aún no merecen nuestra confianza, porque si los sacamos sin la correa pueden provocar daños.
Cuando llegamos al punto de poder sacar al enojo sin correa se ve así: nos apartamos de lo que lo genera para no estallar, o manifestando el disgusto con RESPETO, sin lastimar, sin gritar y sin generar heridas. De modo que solo lo expresamos para que otros entiendan qué estamos defendiendo y con el objetivo de llegar a una solución.