" 29 Luego Leví le ofreció a Jesús un gran banquete en su casa, y había allí un grupo numeroso de recaudadores de impuestos y otras personas que estaban comiendo con ellos" (Lucas 5:29 NVI). Antes de ir a este pasaje quiero imaginar un poquito más, el camino de Jesús y Mateo andando hasta donde Jesús lo está llevando, allí con los demás discípulos. Los primeros minutos hay silencio, cierta timidez en Mateo, no sabe que decir, este hombre sigue atrapandolo a cada segundo que pasa, su alma se siente diferente, quiere decir algo, pero y ¿que?, algo que llame la atención de Jesús, "¿Por que yo?", esa pregunta rondó desde que dio el primer paso, aunque se la quería reservar le sale, directa del alma, necesita eso para poder seguir avanzando. Jesús se detiene por un segundo, lo vuelve a observar con profundidad, es amor, un amor puro de hermano, de padre, se siente como algo muy familiar, a Mateo le tiembla el cuerpo por esa descarga de amor que nunca tuvo, ese abrazo sin ni siquiera estar cerca de él, entonces Jesús habla sin dejar de sonreír, "¿Por qué no tú?", pasan miles de frases por la cabeza de Mateo negativas pero ninguna con argumentos de peso para responder, no sabe qué decir, aun así intenta algo, "¿Me has visto?, soy sucio, estoy oscuro y roto". Jesús sacude su cabeza sonriendo sutilmente, entiende las palabras de ese hombre, aunque no permitirá que se las crea, él vale mucho más de lo que nunca pensó, "Esos son mis casos más especiales, los más afectos". Se desarma el corazón de Mateo, puedo ver algunas lágrimas mojando la calle, se sentía seguro, por una vez mirarse al espejo del alma no le causa desprecio, sabia que habia luz en alguna parte, notaba la sonrisa de Jesús en cada momento, esas palabras fueron acompañado de una frase mas, "Soy totalmente afecto a tu caso, Te amo sobre toda cosa, no importa esa oscuridad, ante mi se ira, te lo prometo". Mateo no volvió a hacer preguntas sobre sí mismo durante todo el trayecto, no toco mas su oscuridad, le había quedado claro que el amado Hijo de Dios lo había elegido, cosa imposible parecía, pero era real, por lo menos se vivía como tal y la mano cual acarició su cabeza antes del abrazo lo confirmó, Jesús estaba dandole el primer abrazo real de su vida, ese que no abrazaba el cuerpo sino el alma, era el comienzo de nuevas cosas.
Miro la historia de Mateo una y otra vez para seguir asegurandome que se parece a la mía, yo no era un recaudador, puede que no robara, pero si era alguien oscuro, aquel quien regía su mundo por sus tinieblas, aun recuerdo cada sonrisa falsa que di, momentos que se caían en un vacío horrendo, cuando mire mi espejo con asco y odio. Tenía mi alma despedaza escondida por mi mundo, hasta que llegó Jesús, se sintió igual que este momento con Mateo, toda la historia de cómo se enfoco en mi sin importar el resto, miro esa grieta y fue directo a su objetivo, recordar todo esto lagrimean mis ojos, la sonrisa es fácil de que la veas. Me encanta saber que Jesús fue mi Arqueólogo, no sólo en ese momento de primera vez, sino tantas infinitas, sobretodo las veces que me perdí en el caminar, supo volverme a encontrar y un abrazo que liberó la máscara, le agradezco a Dios tanto por todo esto, por eso entiendo a Mateo. Después de una tarde hermosa compartiendo con Jesús, enamorándose de cómo era, la manera que tenía de ser, ese carácter tan único, todo era un cóctel perfecto para su alma, se rió como nunca antes, lloró como bebé, saltó de alegría como si fuera un niño de siete años, la paso tan fantásticamente, sabía lo especial que fue todo, por ello necesitaba honrarlo, creó una cena con todo sus amigos, aquellos que consideraba cercano.